Mi problema con Star Trek, explicado (también) para los que no sigan Star Trek.



Digamos que no soy un fan de Star Trek al uso. Pese a la temprana presencia de la franquicia en mi vida, era algo distante, esporádico e intermitente. No fue hasta que, llegado a la adolescencia, recuperé algunas de aquellas obras de ciencia ficción que habían formado parte de mi infancia para revisitarlas. Empecé de cero, coincidiendo del estreno de la segunda película de la nueva y renovada saga, con la mítica serie original del 1966, la semilla de todo.

William Shatner, Leonard Nimoy y Deforest Kelley convirtieron los personajes del Capitán James T. Kirk, el señor Spock y el Doctor Leonard “Bones” McCoy y a su preciada nave, el USS Enterprise en iconos de la cultura popular. Hicieron algo realmente histórico, inolvidable, muy influyente y verdaderamente transgresor. A través de la utopía nacida de la mente que lo ideó todo, Gene Roddenberry, Star Trek miraba a los ojos a la sociedad norteamericana y, sin reñirla, les mostraba a las nuevas generaciones de niños, con una sonrisa, lo bonita que era la diversidad, el respeto a otras culturas, lo importante que era la colaboración y como de increíble y especial era ser especial, nunca era un motivo de tristeza sino de fascinación. A su vez, de una forma episódica, abierta y novedosa, exploraba, junto a ese público más atento, los confines del universo y las maravillas que nos esperan en ellos y, a través de estos, exploraba también los confines de la humanidad, del ser humano, hablaba, de una forma algo naíf quizás, pero efectiva, sobre el bien y el mal, en miles de contextos. Dibujaba una sociedad utópica, que había superado las mayores flaquezas de la nuestra: una Federación de Planetas absolutamente pacífica y que ha alcanzado el equilibrio económico y de recursos que se dedica al conocimiento y al placer, a cultivarse a uno mismo y a explorar, como científicos, el espacio desconocido, en una colaboración armónica entre mundos. Eso es Star Trek.

Pero ha envejecido mal. Es una serie transgresora en mucho, pero no en su forma de narrar, de contar historias, en la estructura de sus guiones, que siguen el esquema de casi todos los productos televisivos de su momento. Es difícil de ver si no se le ha captado la magia y el cariño de antemano. Es difícil de aguantar si no te despierta un verdadero interés y conectar y ver la belleza en su mensaje le requerirá a cualquiera más de una decena de capítulos. Cada uno será una historia con su inicio y su desenlace, cada uno será otro fascinante mundo, cada uno será otra fabulosa enseñanza, cosa que elimina el principal recurso comercial de toda serie moderna: el cliff-hanger.

No fue hasta septiembre de 1987 que Star Trek volvió a los televisores del mundo después de las tres originales temporadas con una serie totalmente nueva. Una serie con nuevos personajes que partía del por aquel entonces reciente legado cinematográfico de las original, y que, renovándolo todo, mantenía mayormente el esquema de la serie original, hablamos de la joya que es: The Next Generation, que se merece un post para si sola. Y así, durante todos los 90 e inicios de los 00, Star Trek volvió, pero fue perdiendo poco a poco su tirada, alejándose cada vez más del publico general y produciendo para solamente los fans.

Entonces llegó J. J. Abrams.

Desconozco la relación del señor Abrams con Star Trek, pero parece haberla confundido, como muchos, con Star Wars.

Abrams construyó en el 2009 una peliculita palomitera de verano que aboga por la emoción facilona y por la acción en el espacio. Algo entretenido con naves espaciales y que alardea de usar de forma hipócrita un par de conceptos de todo lo anterior en la franquicia. Y, a su película de acción en el espacio, le puso el insultante titulo de Star Trek.    
Abrams llegó en el punto más bajo de la historia de la franquicia des de la cancelación de la serie original y la hizo reflotar sacando un taquillazo que gustaba a todos, y no solo a los frikis que iban a convenciones y que eran unos raros por amarla. En un mundo donde todos se reían con los payasos de The Big Bang Theory, sacar una versión impostora de esa mítica franquicia a la que tanto hacen referencia, pero en una versión light, una versión para todos, ¡un Star Trek que nos permitirá pasarlo bien, entenderlo, no comernos demasiado la cabeza y, a su vez, parecer frikis! Les viene como anillo al dedo a muchos.
Y, al Cesar lo que es del Cesar, JJ consiguió hacer esa película el producto de Star Trek más entretenido de todos. Trepidantemente divertido de ver de un modo en que nada lo había conseguido antes. Una bocanada de aire fresco, de renovación, de reinterpretar su entorno y su público, tanto actual como potencial, una verdadera nueva generación en todos los sentidos. Por ello, se lo perdoné todo.

Le perdoné que el gran regreso de Kirk y Spock fuere para usarles como marionetas de lo que son, de lo que fueron, en una película de acción y tiros que, casualmente, se ubica en el espacio exterior, como podría perfectamente ubicarse en Jerez de la Frontera y nada cambiaría. Le perdoné que insultase como insulta a todos los valores de paz y ciencia que ha construido Star Trek convirtiéndola en un filme bélico más, le perdoné que se cargase los pilares humanistas sobre los que orbitaban las aventuras del Enterprise. Todo, porque vi, o creí ver, en ella algo. Algo minúsculo, pero algo, en definitiva. Entre toda esa mediocridad de probeta sacada de algún despacho de Los Ángeles, creí ver una actitud, un tono optimista, una pasión por esa nave, por esos cachivaches, esos uniformes y ese puente de mando. Una pasión y optimismo que me llevaron a creer que, quizás, con todo el éxito cosechado a través de la mediocridad, y con todos esos nuevos seguidores atraídos a un entorno, quizás podían mezclarse los dos mundos aparentemente irreconciliables. Quizás Star Trek podía convertirse en un producto entretenido para todos, que atrajese y enganchase a todo el mundo y mantuviese su esencia idealista, curiosa, humanista y optimista, y hiciera pensar al mundo entero. Pensar en cómo mejorar, percibiendo lo malo, pero avistando como debe ser lo bueno. Llevar a todos este amor que ha conseguido despertar en unos pocos esta maravillosa franquicia.

Eso vi, un atisbo de esperanza, un renacimiento.

Y que equivocado estaba.

Han seguido pasando las películas, dos más bajo la tutela de Abrams, aunque una no está ni bajo su dirección y no ha habido progreso alguno. Seguimos en las mismas estructuras de taquillazo veraniego simplón que no pasa de derrochar cierto carisma y algún que otro elemento que parezca algo “cerebral” y de ciencia ficción para así convencer a su público de que porque lo que está viendo sucede en el espacio es más inteligente que lo que esté viendo el de la sala de al lado. ¡Como no iba a serlo, si hacen referencias de ello en Big Bang! Será de listos…

Ha sucedido lo exactamente inverso.

Star Trek no ha hecho inteligente al blockbuster comercial, sino que el blockbuster comercial ha hecho imbécil a Star Trek. El público comercial no ha recibido una pizca del precioso mensaje de la serie, sino que ha matado, con sus irresistibles números de taquilla, a este precioso estilo y mensaje, que ya difícilmente desenterraremos del pozo del cine de verano.
Mi última esperanza murió con Discovery, la nueva serie. Igual ahí sí que teníamos algo de la mezcla de los dos estilos, algo que se atreviese a dar a Star Trek algo de su esencia perdida. Y que fuese aún peor fue como que me clavasen una daga en el corazón. No solo sigue ese estilo de película de acción, sino que además es una mala, muy mala. Inconexa y desenfocada. No es nada, solo una triste bazofia que se encarga de ser la última y más grande mancha en lo que solía ser una genial camisa.

Y los últimos rumores de que Tarantino dirigirá un proyecto de la franquicia, por mucho que le adore, no son, en ningún caso, una buena noticia. Él es lo opuesto a lo que necesitamos.
Necesitamos un cirujano, no un verdugo.



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